Reseña: Everything sucks!

18 feb. 2018

Everything sucks! es una nueva serie de Netflix creada por Ben York Jones and Michael Mohan, sobre problemas y vivencias de adolescentes de instituto, ambientada en los años 90. Se estrenó el 16 de febrero.

No había leído acerca de la serie por redes sociales. Ni siquiera vi anuncios de que se estrenaba o comentarios que me dieran alguna pista sobre si verla o no. Pero cuando entré en Netflix y la vi, y leí que sucedía en los 90... me animé y pulsé al play.

Tengo que admitir que el factor "nostalgia" me atrae mucho. Yo viví en la época del VHS, los cassettes o los ordenadores que aún tenían la pantalla en negro con las letras verdes. Viví los móviles ladrillos cuya aplicación más moderna era el snake y esos coches que parecían chatarra con cuatro ruedas en comparación a lo que hay ahora. Así que ya solo por eso quería darle la oportunidad y lo cierto es que a lo demás tampoco le hacía ascos: dramas adolescentes. Debo admitir que ese cliché me sigue interesando...

Así que empezamos en el aburrido pueblo de Boring (jo-jo) en Estados Unidos, donde un grupo de chicos de primero intenta encajar en el instituto. Para ello se apuntan al club de audiovisuales donde uno de ellos se enamora perdidamente de una de las cámaras, que resulta ser la hija del director. A partir de aquí empieza a desarrollarse la historia y tenemos ante nosotros otra serie más de adolescentes que buscan su identidad, intentan encajar en algún sitio, comienzan a experimentar y sufren problemas como el bullying. 

La premisa es un poco la de siempre y realmente... no va más allá. Se desencadenan toda una serie de acontecimientos entre ellos y van pasando por diferentes dramas adolescentes y descubriéndose a sí mismos pero hasta ahí. No pasa nada más trascendental ni hay un conflicto común super increíble. Es todo muy plano y comparadas a otras series adolescentes, incluso muy naif. Sin embargo se deja ver y al final acabas pasando uno tras otro los capítulos de 20 minutos que la componen. Acabas interesado por saber qué sucederá e incluso el último capítulo te deja con esas ganas de más que indica que al menos la serie tiene ese punto que engancha.

Los personajes me han gustado mucho, pero no he visto equilibrio entre ellos. Si bien en algunos se profundiza más y llegas a conocerlos o empatizar con ellos, otros se quedan muy planos. Con algunos han hecho un gran trabajo: no tienen mucho protagonismo pero llegas a conocer su vida o sus conflictos internos, otros se te quedan cojos.
Pero me he reído mucho con ellos en algunas escenas, sobre todo con el personaje de Oliver, que me ha parecido absurdamente genial. También me ha gustado mucho el personaje de Emaline y todo por lo que tiene que pasar hasta descubrirse a sí misma y lo mismo me ha pasado con Luke, que me ha encantado.

Me ha gustado poder revivir muchas de las cosas de los 90 y entrar en ese sentimiento de nostalgia al que Netflix se está empezando a aficionar y también, que, aunque no haya sido una trama super increíble, se deja ver y puedes pasar un rato entretenido. Ni tan mal.

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