Adiós, 2013

31 dic. 2013

Adiós, 2013.

Me gustaría poder decir, con una sonrisa en los labios, que esta es una despedida amarga porque has sido un año que no quiero que termine. Sin embargo, quiero que lo hagas. Quiero que te acabes. Aunque en parte, porque en el fondo también has tenido tus cosas buenas.

Empezaste al otro lado del charco, mientras daba el Feliz Año Nuevo a mi familia, llena de esperanzas. El calor me abrasaba la cabeza, ya de por sí recalentada porque había una persona que no lograba borrar de ella. Pasé los últimos días de tu primer mes deseando no tener que despedirme tan pronto de mis seres queridos, deseando no tener que decir adiós. Pero llegó el momento de marcharse, de saber que hasta dentro de años quizá, no vuelva a pisar una tierra que aunque menos que la que ahora piso, significa mucho para mí.

A tu segundo mes de vida mis sentimientos se hicieron un lío fugazmente. Mi cerebro no procesaba lo que mi corazón le decía, las idas y venidas, los llantos y las risas... y terminé diciendo que sí. Dije que sí con la boca mientras decía adiós con la mano, y alguien desapareció de mi vida y se fue lejos, otra vez al otro lado del charco. En un solo mes alguien entraba y alguien se iba. Y así mi familia se hizo aún más pequeñita.
No me arrepiento de nada de lo que hice o dije, porque eso me ha llevado a lo que soy hoy.

¿Y qué soy hoy, 2013? Soy la misma niña risueña y soñadora, que ha madurado un poco más. Que le hicieron madurar las circunstancias de la vida. El darse cuenta de que hay que ser valiente, de que las cosas se dividen y de que no todo el mundo es como dice ser.

Pasaron los meses y no echaba de menos. Fui feliz y desdichada a partes iguales durante un tiempo. Y notaba como poco a poco esa sonrisa sempiterna de mi rostro se desvanecía. Había dejado de querer vivir aventuras sumergida en el mar de dudas de mi alma.
Ver felicidad, ojos brillantes, madres e hijas riendo sin cesar o parejas cogidas de la mano con las sonrisas llenas de anhelo. Todo aquello que yo no tenía. Todos los problemas que se sumaban a mi espalda. Todas las ganas de proteger a quienes quería para que no sintieran lo mismo que sentía yo. Todas esas ganas de querer dejar de ser una preocupación en un bolsillo. De pegar con pegamento una fisura familiar. De ser suficiente.

Entonces pasó. Una nueva grieta dentro y el mayor dolor que habían instalado nunca en mí. Un dejar de creer en las personas durante mucho tiempo. Una decepción mayor que cualquier otra. Quedarme sin lágrimas que llorar, seca, sin voz... sin un atisbo de sonrisa. Y él, solo él. El cayado que sostenía mi pobre y triste andar. Un "no me lo merezco" escondido en un susurro sin apenas fuerza. Un abrazo a una misma tras la autocompasión. Un propio no querer, detrás de todas las crueldades con las que había regalado mis maltratados oídos y mi maltratado corazón.

Y tras la tormenta, el buen tiempo. El aprender, madurar, reciclarse y querer ser. El "ve hacia delante" que me había dicho frente al espejo. El "nadie puede construir su felicidad sobre las ruinas de la tuya propia", y florecer. Había vuelto la risa, la sonrisa y las ganas. De todo y de nada. De mucho y de poco. Había vuelto yo. Así un cambio tras otro. Un "estás mucho más guapa ahora" y "nunca te había visto tan feliz". Y sus ojos, que me hacen suspirar día tras día. Su voz y unas teclas nerviosas.

Ya casi rozamos el final y no puedo haberme alegrado más de haber dado el último paso de volver a meter de nuevo en mi vida a alguien que había desaparecido... o más bien que había echado yo. Y recuerdos y risas que me hacen ver que no tiene sentido guardar rencor. Que bien está lo que bien acabó y lo que me hace verme mucho mejor persona. Porque así creo que soy: de las que no mienten, de las que siguen ahí hasta el final, de las que si prometen algo lo cumplen y de las que no dejan caer jamás. De las que hacen gala de la madurez que se supone que se tiene a cierta edad. De las que ven la vida como una aventura en la que no parar nunca de reír. Porque son dos días, ¿sabes?

Exactamente eso es lo que quiero para 2014: una nueva aventura. Un nuevo resurgir. Un ser feliz sin traer a la memoria lo que me hacía desdichada.

Solo volvería atrás para decir todo aquello que aún callo. Solo daría la vuelta para haber cortado de raíz lo que en su día me arrancó las alas. Esas que han crecido y en este año que entra están listas para despegar de nuevo.

Y volar, muy alto, sin necesidad de polvo de hadas. Solas yo, mi risa y las aventuras que nos encontremos por el camino.

Estoy segura de que 2014 traerá un mar de cosas buenas y que no querré despedirme de él como me despido de ti ahora. Pero no pasa nada, querido 2013, porque contigo he aprendido muchas cosas. Empezando por ser feliz.

Adiós, 2013.
Hola, 2014.

Lista para comenzar.










{ 8 Nubes... léelas aquí abajo o... ¡deja la tuya! }

  1. Preciosas palabras, como siempre sabes transmitir tanto con tan pocas teclas :) Estoy segura de que el 2014 te traerá muchas cosas buenas. Porque algo está claro, que tú luchas siempre por tener una sonrisa y por compartirla, que eso es muy bonito ^^
    ¡Feliz año, guapa!
    Muakss

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  2. Demos una patada al 2013 y acsus malos recuerdos (aunque guardemos los buenos muy cerca del corazón) y demos la bienvenida al 2014 y a todos los momentos que aún están por llegar. Solo espero que algunos de estos momentos tengan lugar en Madrid, cerca de mis madrileños favoritos. :)

    Feliz 2014, Bells. ♥

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  3. Me has dejado gilipollas. Así que supongo que sólo queda decir: ¡Feliciano!

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  4. ¡Feliz 2014!
    ¿Y de que país eres? XDXD
    un beso

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  5. Espero poder acompañarte en la aventura de 2014 <3

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  6. Que sea este un gran año ^_- y que la aventura sea una de las que nunca se olvidan ^^

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  7. Escribes fenomenal, espero que tengas un año en condiciones.

    P.D: Soy el de la manta. Soy... ¡MantaMan!

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  8. Hay que mirar con optimismo el futuro, como haces tú. Que se dice fácil, pero a veces no es tan fácil sentirlo y aplicarlo.

    Que tengas un muy buen comienzo de año, y ¡feliz 2014!

    Un besazo!

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