Taller de Escritura BL [15 de agosto] - El recuerdo de un recuerdo

15 ago. 2013


Taller de Escritura Be Literature.
15 de agosto.
Inspiración:



"Nadie puede morir si aún queda alguien que le recuerde"

-Serán dos A y un T, niña.
Miré al vendedor perpleja. Tenía cara de pocos amigos y aspecto de no poseer el don de la paciencia en absoluto. ¿Un precio tan caro a pagar por dos mendrugos de pan, una botella de agua y un trozo de cecina? Me revolví nerviosa en mi sitio y posé la mirada en mis desgastados zapatos dos tallas más grandes.
No podía pagar eso, ¿qué parte de mí se llevarían esta vez? ¿a qué tendría que renunciar por sobrevivir?
-No tengo todo el día, ¿lo quieres o no?
Su tono de voz hizo que diera un respingo y alzara la cabeza para volver a mirarle. No me había percatado de su cara de cansancio, como si en el fondo, muy en el fondo, él tampoco disfrutara con aquello.
Asentí débilmente y dejé que depositara aquel odioso tubo blanco y naranja sobre mi cabeza, como ya habían hecho otras tantas veces, otras tantas personas, en otras tantas ocasiones.
Un pequeño haz de luz surgió de mi cabeza y desapareció dentro de aquel tubo. Me sentí mareada y noté como mis piernas flojeaban y amenazaban con hacerme caer de un momento a otro. Por suerte, la visión de aquellas provisiones ya sobre mi mano dentro de una bolsa, me dieron las fuerzas necesarias para incorporarme y salir de allí corriendo, sin más preámbulos.

En La Nación siempre ha sido así, siempre hemos tenido que pagar los bienes necesarios para sobrevivir con aquello que precisamente nos da la vida en los momentos difíciles: nuestros recuerdos. Un A es un recuerdo alegre, lo que antes pudo equivaler a quinientas monedas. Es un recuerdo como los que te incitan a sonreír porque tu padre te montó en sus rodillas y te contó un cuento o tu madre te enseñó a hacer muñecos a partir de un viejo calcetín. Un T es un recuerdo triste, tiene menos valor porque no es tan poderoso como el anterior pero aún así puedes pagar cosas con él. No remueve tanto un recuerdo de cuando tu mascota se murió o tus padres se enfadaron y dejaron de vivir juntos...
Y por supuesto están los F. Quién tenga uno de esos, tiene mucho poder. Un F es la felicidad. El recuerdo más importante de tu mente y el más caro además. Todos los seres humanos poseen solo uno de esos recuerdos que va cambiando a medida que vas creciendo, pero aún así, todos tienen el mismo valor. Para una mujer adulta puede que su F sea el día de su boda o el día en que nació su único bebé. Para un niño adolescente quizá fue el primer beso. Para mí...

-¡Kala! ¿Por qué has tardado tanto?

Mi madre me dejó entrar en casa y cerró la puerta nerviosa, no sin antes mirar a los lados por si venía alguien. Dejé la bolsa sobre uno de los pocos muebles de la estancia, una pequeña mesa de madera que hacía las veces de tabla de planchar. Me observó de arriba abajo. Sabía perfectamente que para pagar aquello había tenido que sacrificar alguno de mis recuerdos, así que, como siempre, me mandó sentar en una silla y sacó del arcón del fondo de la sala una vieja caja de hojalata.
Se me llenaron los ojos de lágrimas cuando la depositó sobre mis rodillas porque sabía perfectamente lo que encontraría dentro. Cientos de fotografías de un color sepia desgastado aparecieron ante mis ojos: en una estaba yo con papá, subida a caballito. Otra era la imagen de un avión, el de aquella vez que él se fue para dejarnos de forma definitiva. Otra éramos mamá, Millie y yo en el parque.
Reconocía aquellos rostros y aunque algunas de esas escenas cobraban vida en mi mente y bailaban como las llamas en una hoguera, otras de esas fotografías ya no tenían significado para mí. Solo eran mis familiares y nada más, no había una escena tras eso. No lograba darle movimiento a aquella foto. Me habían arrebatado lo que había detrás de algunas de ellas.
Mamá se empeñaba en intentar hacerme recordar, pero sabía tan bien como yo que aunque pasara horas mirando las fotografías, jamás volvería a saber lo que significaban.
Me dolía que se sintiera culpable. Desde hace un tiempo, yo pago los gastos de la familia porque mamá se había quedado sin recuerdos hasta tal punto, que solo le quedaba su F. Ya había hablado varias veces de sacrificarlo. Con él nos daría para vivir a nuestras anchas durante años si queríamos, pero yo se lo prohibí y le dije que seguiría pagando yo. Le mentí diciendo que usaríamos su F para una emergencia, pero en realidad me niego a que saque de su mente lo más feliz que le queda. Lo que seguramente la despierte con una sonrisa por las mañanas y endulce sus noches cuando ve que uno de los lados de su cama está vacío.

Oímos una tos y enseguida me envaré.
-Millie está enferma-explicó mamá-ha cogido una de estas gripes que hay ahora.
Salí corriendo hasta el fondo de nuestra pequeña casa y encontré a mi hermana menor tumbada en la cama como si fuera un pato de hule, flácido.
-¿Millie? ¿Cómo estás?
Mi hermana apenas pudo responder con un gesto de su débil manita. Tenía la frente sudorosa y algunos mechones de sus cabellos rojos como el fuego, se pegaban a ella. Tenía los párpados caídos, dejando entrever sus preciosos ojos verdes. Noté que respiraba con dificultad y me alarmé.
-Mamá esto no es "una de estas gripes que hay ahora", Millie tiene algo peor. Tenemos que llevarla al hospital.
-Los hospitales son muy caros, Kala. ¿Sabes lo que nos harían pagar por eso? Yo sé perfectamente que es una simple gripe y estoy cuidando de tu hermana como se merece.
-No lo dudo, mamá, pero ¡mírala!-señalé a mi hermana desesperada-está empapada en sudor por la fiebre.
Mi madre se mordió el labio, como siempre que dudaba de algo o estaba nerviosa. Tocó la frente de mi hermana y enseguida se apartó por el contacto. Estaba claro que acababa de notar que había empeorado, es una mujer tan ocupada en sacar a nuestra pequeña familia adelante que no se había dado cuenta de que su hija menor empezaba a tener dificultades.
-Vístela, nos vamos al hospital.
-¿Y cómo vamos a...?
-Mi F, lo sacrificaremos por el bien de tu hermana.
-¡NO!-chillé-no puedes hacer eso, ¡pagaré yo!
-¿Sí? ¿Y cuántos recuerdos crees que te quedan, Kala? Además no nos dará para pagar el hospital ni mucho menos. Lamentablemente ya sabes cómo es La Nación: un lugar donde los pobres pagan precios de ricos y los ricos mantienen sus recuerdos porque tienen otras cosas con las que poder pagar. ¡Mira esto! Solo tenemos una mesa, dos sillas, un hornillo, un grifo y un pequeño plato que hace de retrete. ¿Qué podemos ofrecer sino nuestros recuerdos? Así es la vida, Kala. Si queremos sobrevivir, tenemos que dar algo a cambio.
-No. Si queremos sobrevivir, tenemos que morir un poco.




-¿Cómo está tu hermana?
Padme era lo único bonito que tenía en aquel lugar, aparte de mi familia. Su dulce voz y su brazo conciliador alrededor de mis hombros era lo único que necesitaba para sentirme mejor cuando todo iba tan mal que no podía soportarlo. Sus ojos azules, que asomaban tras su flequillo color dorado, los que me daban fuerzas si los miraba y me perdía en ellos.
-Está en el hospital, ha estado a punto de...
Ella no me dejó terminar, y me dio un dulce beso en la mejilla. Mis músculos se destensaron.
-¿Y... cómo habéis...?
-Mamá ha sacrificado su F.
Mi amiga no pudo contener una expresión de sorpresa y horror a su vez.
-Lo siento mucho, Kala. Los hospitales son muy caros, hubiera sido imposible llevarla si no daba su F a cambio.
-¡Pues no lo veo justo! ¡Este maldito lugar no es justo con nosotros! Nos están arrebatando lo único capaz de movernos, nos quitan las energías día a día por algo que es nuestro por derecho.
Padme suspiró. Ella lo había pasado ya muy mal y era la primera que sabía que toda La Nación era una injusticia contra la que no se podía hacer nada. Su humilde familia había tenido que sacrificar casi todos sus recuerdos y ni siquiera haber dado sus F los había sacado de su empobrecimiento.
Padme tenía siete hermanos y ella era la mayor de todos ellos. Su padre también se había ido de casa, pero al contrario que el mío, que nos mandaba ayuda de vez en cuando, se había desentendido totalmente de su familia. Ella y su madre, al igual que yo y la mía, eran las encargadas de sacar adelante a todos aquellos niños. A su hogar. Y todo aquello era una de las muchas cosas que me unían a mi amiga.
-Todo se solucionará.
-Igual algún día.



La epidemia se había extendido por La Nación en menos de un par de semanas, contagiando a todo aquel que tenía contacto directo con un enfermo. La gente apenas salía de sus casas y las autoridades estaban a punto de poner en cuarentena varios focos donde se creía que la enfermedad se estaba instaurando a más velocidad. Nuestro barrio era uno de esos focos, y mi madre me obligaba a salir de casa con un pañuelo que tapara mi boca y mi nariz.
Millie había mejorado mucho en esas semanas y mamá la acompañaba todo el rato. Cuando venía a casa a dejarme algo de comer, me contaba que la gente intentaba colarse en el hospital a por alguna medicina a la desesperada, ya que la mayor parte de ellos no podía pagar el tratamiento que estaba haciendo mi hermana. Conforme pasaron los días, los habitantes empezaron a caer, y algunos cadáveres desolaron las calles. Los limpiadores se los llevaban y los arrastraban cual si fueran sacos de basura, hasta los contenedores.
El pánico empezó a cundir entre nosotros, incapaces de poder detener aquella enfermedad. Como si fuera una ruleta rusa, si te tocaba, podías darte por muerto. Nadie era ya capaz de pagar por curarse de aquello.

Pasaron las semanas y aunque la cosa se había relajado y yo había logrado escapar de la epidemia, a Padme no le había pasado lo mismo. Aunque mamá me lo había prohibido, fui a verla la tarde en la que me enteré de la noticia. Su casa era aún más pequeña que la mía a pesar de ser muchos más. La madre de Padme había llevado a todos sus hermanos a casa de una vecina para que no se contagiaran y se había quedado con ella para cuidarla. Cuando yo llegué, estaba intentando tomar un caldo caliente.
Vi en ella los mismos síntomas que tenía mi hermana: sudores por toda la frente y el pecho, dificultad respiratoria, debilidad... y estaba muy pálida.
-¿Padme? ¿Cómo te encuentras?-pregunté con cautela. Su madre se había ido para dejarnos un poco de intimidad. Volvería en cuanto acabara de ver cómo estaba el resto de sus hijos.
-B-bien...
Mi amiga apenas podía hablar y yo noté como una especie de hormigueo reptaba desde dentro de mi cuerpo. ¿Qué podía hacer?
-Mamá-tosió-no...no puede pagar un mé...dico. Menos un hospital.
Había dicho aquellas palabras como una sentencia, como si fuera el fin. Cogí su mano con fuerza y una gruesa gota cayó sobre ella. Por un momento creí que sería el sudor que se desprendía a borbotones de su frente pero eran mis propias lágrimas.
-¿Ya no os queda nada?
Padme negó con la cabeza.
Noté que yo misma era incapaz de respirar. ¿Qué significaba eso? ¿Que mi amiga se convertiría en uno de esos cadáveres que los limpiadores cogían con una pala como si fueran otro saco de basura más?
-No puedo permitirlo, te ayudaré-chillé. Me aferré con más fuerza a su débil manita.
-No...no vas a hacer...eso. Me pondré...bien.
Una fuerte tos salió de su pecho. Ambas sabíamos que sin cuidados, no se pondría bien. Imaginaba cómo estaría su madre, culpándose como la mía de todas las situaciones que pasaban. Sin embargo debían sentir que nosotras no les reprochábamos nada, simplemente las admirábamos. Sacaron adelante a sus familias solas, pese a todas las dificultades. ¿Qué haría la madre de Padme sin ella? ¿Qué haría yo sin ella?
-Voy a sacrificar mi F.
No era posible, pero Padme palideció un poco más. Para nosotros significaba dar la mitad de ti, aunque en el fondo así era: dabas una parte de tu interior, la más importante. A mi amiga aquel pensamiento le llenó los ojos de lágrimas.
-No lo hagas.
-No quiero que mueras...
-Nadie puede morir... si aún queda alguien que le recuerde. Viviré en tus recuerdos.
-Y luego me los quitarán-sentencié amargamente.
A pesar de todo, aún le quedaban fuerzas para sonreírme con dulzura. Me levanté con determinación y me alejé hasta la puerta.
-Está decidido-le comuniqué sin más preámbulos.
Padme intentó levantarse y comenzó a gritar lo máximo que le permitía su débil garganta. Forcejeó consigo misma para intentar detenerme pero no fue posible, salí de la casa y di un portazo, alejándome a grandes zancadas hasta el Puesto de Mando.
Arrancar de su cabeza un F a cualquier persona no era tarea fácil. Así como los A o los T podían extraerse desde un pequeño tubo color blanco y naranja, los F tenían que extraerse en los Puestos de Mando de la mano de cualificados científicos que luego te devolvían tu recuerdo dentro de una cajita que le darías a aquel con el que quisieras intercambiarlo por algo. Ahí debieron llevar a mamá hace un mes para poder pagar el hospital y ahí me dirigía yo para poder salvar la vida de mi amiga.

El lugar era un enorme edificio blanco, como un gran salero gigante que terminaba en una borla plateada llena de ventanas. Debía tener veinte plantas lo menos.
Cuando entré, escoltada por dos guardias vestidos del mismo color blanco impoluto, miré alrededor sorprendida por la gran riqueza que se podía ver en el lugar. Las más altas tecnologías, los mejores materiales de construcción... y a un par de kilómetros la gente se moría dentro de sus pequeñas cabañas de madera.
Una mujer vestida con una bata blanca me preguntó mi nombre y lo apuntó en una carpeta. Me llevó con ella por un ascensor hasta la planta número diecisiete y me indicó que pasara a una de las habitaciones. Allí dos mujeres del mismo aspecto que la anterior me desvistieron de cintura para arriba y me colocaron una camisola como la de los hospitales. Hicieron que me tumbara sobre una camilla y me metieron en el interior de un gran tubo blanco y naranja que cubría por completo mi cuerpo. En cinco minutos, mi F desaparecería y lo dejarían en una caja como si nunca lo hubiera vivido.
Antes de que se pasaran esos cinco minutos me esforcé por rememorarlo una última vez. Mi F, era ella. Era la persona por la cual iba a sacrificarlo, Padme. Desde que había llegado a mi vida, la había teñido de color, alejando de mí los tonos grises y ocres como los de las fotografías de mi madre. Cuando la vida no hacía más que darme palos, cuando papá había desaparecido y mamá lloraba por los rincones impidiendo que nos acercáramos a ella... Padme llegó como un halo de luz, sanando mis heridas. Sus brazos, que tantas veces me habían rodeado, eran mi refugio favorito del mundo. Y cuando tenía miedo, venía a casa a contarnos cuentos a Millie y a mí. Las tres, sonriendo, como si La Nación no existiera y no tuviéramos que pagar con trocitos de vida para sobrevivir, era mi felicidad.
Si flaqueaba la confianza en mí misma, su mano sobre la mía me reconfortaba. Su preocupación constante y el hecho de que siempre me buscara. El sentirme querida y protegida. Acompañada. Padme, era el significado de compañía. Con ella, nunca me sentía sola.
Encendieron la máquina, y todo aquello desapareció.



-Aquí tienes, cariño-susurró mamá.
La cajita de hojalata me miró desde mi regazo y la abrí. Aún estaba débil y era incapaz de rebuscar entre todas aquellas fotografías, así que mamá la buscó por mí. Una chica de ojos claros y pelo dorado, me sonreía.
-¿Quién es, mamá?-pregunté.
-Esta es ella, cariño. Se llama Padme, y es la chica a la que tú salvaste. ¿La recuerdas?
Negué con la cabeza. Aquella chica era guapísima y parecía muy feliz. Llevaba un vestido estampado de flores y aferraba una cesta de mimbre. A su lado, reparé, estaba yo.
-Soy... yo.
-Sí, cariño-mamá comenzó a llorar, y no sabía porqué. Me explicó que había sacrificado mi F para salvarla a ella, pero ya no la recordaba. No sabía quién era. ¿Eso significaba que...?
-Se ha ido-miré a la nada y me perdí en los pocos pensamientos que me quedaban. No reconocí a esa chica en ninguno de ellos-ya no es nada para mí.
-¿Sabes lo bueno, cariño? Pueden arrebatarnos nuestros recuerdos, pero nadie puede impedir que construyamos nuevos cada día. Eso no nos lo pueden quitar, podrán hurgar en nuestro cerebro cuanto quieran, que no podrán. Y vosotras podréis hacer nuevos otra vez, os queda mucho por vivir, juntas.
-¿Tu crees, mamá?
Ella asintió con fervor.
-Los recuerdos no residen en la mente, sino en nuestro corazón.



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Mejoras: Veritas me comentaba que intentara hacer los guiones dobles en los diálogos, pero no tengo Office y escribo directamente sobre el panel de Blogger, así que me es imposible. ¡Gracias por tu consejo!

{ 17 Nubes... léelas aquí abajo o... ¡deja la tuya! }

  1. Realmente muy emotivo y original, me gusta como desarrollas un mundo en pocas palabras, y la situación tan intensa que planteas a través de éste, ¡Saludos!

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    1. ¡Muchas gracias! ^^ Me alegra haber transmitido algo.

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  2. Pues como dice Virgil, es muy intenso, tierno y emotivo, peeeero (yo le noto un pero no tan pero :P) te ha pasado como a mí: has planeado algo muy grande en muy poco espacio. ¿Por qué no lo amplias y lo haces novela? Te da para una autoconclusiva y podrías sacar mucho más de ti ^_^. Besotones. Xa-LFDM

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    1. ^^ ¡Muchas gracias por tus palabras!

      Pues... aunque parezca un mundo amplio y puede que dé para más, esta historia me decía que terminaba en el relato y punto. La anterior, la de Cupido, sí que me daría para ampliar pero esta es una de "eh, hasta aquí". Además no sé que me ha pasado, pero me parece tan triste que no me vería con fuerzas se seguir T^T.

      ¡Graciaaas!

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  3. ¡¿Qué peros?! ¡Es precioso! Con está trama que presentas se podría hacer algo muy grande, una distopia de película. Desde el principio hasta el final me ha tenido enganchada.

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  4. ¡Qué dulce! Oye, pues parece un relato que puede dar para algo más grande. La idea de una distopía donde la gente tiene que pagar con sus recuerdos me parece bastante buena.

    No he encontrado ningún fallo de escritura, edición, ritmo ni nada de eso. Un relato más que bueno, sinceramente y te animaría a que lo desarrollaras más. Empezaste el taller con un muy buen nivel y vas mejorando cada semana.

    Un besazo

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    1. Pues lo dicho, me ha emocionado leer tu opinión, más viniendo de ti. ¡Muchas gracias! Me alegra saber que te ha gustado y que se nota mejoría al escribir. ¡Espero seguir así!

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  5. Pero nena, lo de pagar con recuerdos, ¡es muy original! Y la historia es muy emotiva, me encanta y sinceramente, da para algo más largo.

    ¡Besotes!

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    1. ¡Mil gracias! ^^ Lo cierto es que el relato me pedía acabar en eso, solo en un relato. Aunque parece que dé para más creo que podría quedarse aquí.
      Muchas gracias, me alegra que te haya gustado ^^

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  6. Me ha parecido una historia preciosa, pero sin embargo yo no la alargaría. Creo que acabarla en ese punto da al lector la oportunidad de imaginar más allá, no sé si me explico :) Yo por ejemplo me imagino que juntas serán capaces de crear un nuevo F, mucho más fuerte y con capacidad de cambiar las cosas...
    Es muy curioso además que ayer justo me puse a filosofar sobre los recuerdos, las antiguas amistades que pierdes y con las que no tienes experiencias nuevas, sólo recuerdos antiguos... ¡Ay, Bella, y ahora escribes esto y me inspiras!
    ¡Muaka!

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    1. ¡Sí, pienso igual! ^^ Además que era algo que debía concluír aquí, no sé...

      Jo, muchas gracias T^T

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  7. Has tenido una idea muy original, Bella. Lo de los recuerdos me ha llegado hasta a dar miedo. Esto es una distopía con letras mayúsculas.

    La historia es muy intensa, la vida de la protagonista lo es, y el final sí que no tiene precio. Es muy triste, pero emotivo a su manera y te deja respirar esa brizna de esperanza que siempre se necesita :)

    La escritura está muy bien y también su estructura, pero en la primera parte (que es una introducción perfecta) creo que si metieses un diálogo antes de la culpabilidad de la madre (algo que nos la deje intuir ), le añadiría un toque de ritmo.

    Creo que podrías escribir algo más largo con esto. Tal vez no una novela, pero sí uno de esos relatos de 60 páginas o menos que siempre son muy entretenidos de leer. No todo tiene que tener 200 páginas para atrapar y enamorar a los lectores jejeje.

    Un besote^^

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  8. Como todos hemos notado esto da para muchísimo más. Pero eso ya es cuestión tuya, si lo haces tendrás que cubrir los huecos de la historia, como la que planteas al final ¿Por qué no buscan una forma entre todos los pobres de crear millones de recuerdos, de pasar mil cosas juntos en un día? Así saldrían de la pobreza. Por otro lado ¿por qué haría algo tan cruel e inútil como robar recuerdos? Esa creo que es una de las preguntas más difíciles de contestar. Respecto al relato, a mí me ha faltado ubicarme en la tierra. Me explico: me lo imaginaba todo como muy celestial, por el inicio sobre todo, lo del tuvo blanco me recordó a Percy Jackson que a su vez me recordó a Zeus que a su vez me recordó al Olimpo. Estoy fatal :)

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    1. *¿Por qué haría el gobierno algo tan cruel...?

      (Se me escapó :P)

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  9. Esta muy padre la historia!!! Me gusto mucho de verdad!!! Creo que es una gran idea aunque la ultima frase pudo haber sonado mas inolvidable, pero aun así me encanto!!

    Saludos!! :)

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  10. Dios, ¡me encanta el planteamiento de tu distopía!
    Sobre los guiones, me pasa como a ti. Lo que hago es buscar guión largo en google, copiarlo y pergarlo tantas veces como haga falta...

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