Siempre será el doble

20 may. 2013

El hecho de que me preocupe tanto, de que me "raye la cabeza" como tú dices, Dave, tiene una razón de ser. No busco discutir porque sí, ni me divierte ver la cara de limón agrio que se te pone algunas veces. El factor tiempo para mí es muy importante, tanto, que un día puede que se acabe entre los dos. Y entonces querrás haber hecho todo lo que no quisiste hacer.

Soy la hija del Tiempo, o más bien una de sus doce hijas. Para ser más concretos soy la primera, Una. Eso de que seamos hijas del Tiempo debería ser un alivio para nosotras pues sería de suponer que disponemos de todo el ídem del mundo, cuando en realidad no es así. Nuestra vida es tan efímera como los minutos, y solo nuestro padre decide cuando ha sido suficiente para nosotras. En el momento en que dejamos de ser útiles, dejamos de existir. Por eso vivo la vida con prisas. Con miedo.

¿Útiles? Sí. Cumplimos una función. Cada una de nosotras tiene una misión encomendada, algo que tiene que ver con el todopoderoso Tiempo. Y es que ayudamos a que nada se salga de lugar. Seconda, por ejemplo, es la encargada de que todos los relojes del mundo sigan en marcha y no se paren jamás. Supondría un desorden mundial. Una brecha. Un parón en la vida de una persona. Terza se encarga de que todo se cumpla exactamente a su debido momento, una de las más difíciles. Octavia se ocupa de que no falte ni ún solo engranaje o dispositivo en el mundo que sea capaz de poner los relojes en funcionamiento. Y así, todas. Yo, soy la encargada de la más importante según mis hermanas: ¿sabes ese momento en el que una pareja se besa y parece que el tiempo se ha parado? ¿O cuando dos enamorados se miran y el tiempo se detiene y no existe nada más? Yo lo provoco. Yo les doy esos segundos para ellos solos. Y es irónico, porque yo misma no los tengo contigo.

¡Y ojalá pudiera contarte toda esta historia! Pero no puedo. Si se me ocurre hablar, desapareceré. Y lo peor es que tú podrías desaparecer conmigo. Si tuviera la certeza de que fuéramos a estar bien, solos y juntos en algún lugar, no dudaría en abrir la boca. Pero no sé que podría pasar y de momento, me quejo. Me quejo mucho, Dave. Y te enfadas.

"¿Ya estás otra vez? ¡No puedo quedar contigo hasta las 23:30, Una, tengo que estudiar!" 
"¿Te enfadas porque tengo que colgarte? ¡No me dejas ni irme a cenar!"
"¿Qué quieres decir con que me voy a tal sitio y contigo no?"

Cualquiera que leyera estas frases supondría que soy una loca. Una manipuladora. Una novia celosa y controladora a la que debes dejar en la cuneta y salir corriendo. ¡No puedo contarte que es porque mi vida es efímera! Porque necesito atesorar momentos contigo para llevarme bonitos recuerdos el día en que mi padre decida llevarme. Porque por su culpa, peligra mi vida. Mi vida contigo. 

El día en que mi padre lo decida, desapareceré. Un día, el menos esperado, lo haré. Y no podré retener mis horas contigo. No podré parar esos momentos en los que nos besamos, no podré hacer que el mundo desaparezca cuando rozas mi mano, deteniéndolos a todos en sus sitios mientras los únicos que nos movemos al compás de una música que no suena, somos tú y yo. ¿Y me reclamas? Si tú supieras porqué... el tiempo lo es todo. La decisión de mi padre lo es todo. Es terrible cuando tu vida depende solo de una persona.

Pero sigues fastidiándome. ¿Qué haces en vez de decirme cosas bonitas? ¿Por qué me hablas de tu pasado sin mí? ¿De las primeras personas que compartieron tus labios y supieron lo que era estar contigo entre unas sábanas? ¿Crees que es lo que necesito cuando los segundos, otros hermanos míos, corren alrededor de mí diciendo que vas a separarte?

"Ella me hacía reír. Nuestro aniversario era el 11, un número capicúa. Era especial. Pero tuvo que marcharse y yo no pude soportarlo".

¡Mírame! ¡Deja de ignorarme! ¡No me interesa! ¡No te enfades! ¡No te reprocho, Dave, no es eso!


Y me cruzo de brazos, mientras tú te ríes. Me dices que nuestro número es especial, porque es el doble de 11. Que es más. Más importante. Y capicúa. Pero siempre será el doble. Y que por eso el pasado no existe. Que el presente es lo que importa y lo que tenga que ser en un futuro será porque preocuparse por eso, solo hará que no disfrutemos del ahora.

Te quiero rebatir cuando me lo dices, pero no puedo. Mi preocupación se acrecenta cada día preocupándome por el futuro. Pero cuando dejo de hacerlo, cuando no pienso y te beso, desaparece. 
Lo que tenga que ser será, aunque duela tanto que ninguno lo soportemos. Si me aseguras que me esperarás, seré feliz. Nos encontraremos en algún lugar. 

Mientras tanto, paro el tiempo mientras nos besamos. Y siempre lo paro el doble.

{ 2 Nubes... léelas aquí abajo o... ¡deja la tuya! }

  1. <3 Me siento identificada con varias partes de tu relato...

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  2. ¡Hola! Oye, ¿por qué le dedicaste una entrada a tu papá el día del Padre y no le escribiste una a tu mamá el día de la Madre?

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