Entre ayer y mañana

24 abr. 2013

Hoy.


Había amanecido nublado, pero eso ya lo sabías ¿verdad? Ayer nos reíamos mirando el pronóstico del tiempo por la tele. Tú en tu casa, yo en la mía. Lo de siempre.
Pero la perspectiva de un día nublado no era tan mala si pensaba que hoy te vería. Tenía que verte, en fin, es nuestro día. Así que la jornada laboral, aunque dura, se me pasó más rápido de lo que esperaba. Incluso sonreí a una clienta con prisas que en cualquier otro día se hubiera llevado la mayor mirada de odio que pudiera profesarle tras sus comentarios fuera de lugar. 

Hoy tenías clase, tenías actividades de voluntariado y también tenías que ir a trabajar. Pero no lo hiciste. En vez de eso pusiste la excusa de que tenías prácticas, en el trabajo. Que tenías mucho trabajo, en clase. Y a nadie le dijiste nada en el lugar donde eres voluntario.
Huiste de todo aquello solo para estar conmigo, porque era nuestro día. Porque no nos vemos lo suficiente y  ya sabes porqué. Y lo siento, pero no está en mi mano hacer nada.

Tocaste el timbre de casa. Normalmente sonrío, pero esta vez estaba más nerviosa de lo habitual, así que me atusé el pelo como cien veces, me cercioré de que mi camiseta estaba bien colocada y repasé que todo estuviera en orden. Hasta el más mínimo detalle es importante para mí.
Pero tú, torpe niño descuidado, sé que no te darás cuenta. Abriré la puerta y pasarás como una exhalación, contándome excitado lo mucho que te ha felicitado el entrenador en tu partido. Y te escucharé con mucha atención porque sé que es importante para ti, aunque yo no tenga ni idea de fútbol. Tú, no te darás cuenta de que he estado tres horas frente al espejo para ponerme guapa para ti, ni de que me he pasado el día de ayer ordenando la casa para que la vieras bonita. Tampoco caerás en que he comprado las galletas que tanto te gustan o de que llevo una falda de color rojo porque me dijiste que me sentaba bien.
No me dirás que estoy guapa, ni mencionarás lo ordenada que está la casa, tampoco darás las gracias por las galletas ni repararás en la falda de color rojo. Pero todo eso ya lo sé. Podríamos decir que te compré así:  A sabiendas de que jamás me dirás todo aquello. Que no lo debo esperar. Que no eres de detalles.

A veces me canso de que seas así. De tener que reclamar tu atención porque eres un despistado. ¿Quizá pido mucho? ¡Si te exijo, sal de aquí ahora mismo! No, no es eso. A veces vivimos en mundos distintos. Tú deberás amoldarte un poco a mí, y yo haré lo mismo contigo.
Y hablando de moldes... se me pegó el bizcocho y no pude sacarlo. Así que tuviste que comerte solo la cena que había preparado para ti. Quería que el mundo me tragara, por torpe, y pese a ello, te gustó todo mucho. Mencionaste un leve "está muy bueno", con la boca chica y colorado hasta las orejas. Te cuesta, pero... fue suficiente para mí.

Y entonces tú tomaste tu propio postre, y seguí tu juego, nerviosa. Nadie lo había pensado así. No había un guión, pasos a seguir... nada. Pero la noche pasó, la luna observaba y nosotros dejamos que lo hiciera, dejándonos llevar.



No hay nada más doloroso que dormir espalda contra espalda...

Duermes. Nos hemos peleado. Y es que tanto tú como yo, somos unos orgullosos. Ninguno va a ceder. Ninguno se va a dar la vuelta para abrazar al otro por detrás, dejándose dormir mientras la barbilla reposa en el hombro y el cabello hace cosquillas en la nariz. Ninguno.

Supongo que debería haberte dicho todo lo que siento en el momento en el que me molestó y rozó mi corazón haciéndole una brecha diminuta. Supongo. Pero nadie nos da un manual de instrucciones para saber cómo actuar en cada caso, así que he caído en el error. Ahora he guardado un cúmulo de cosas que me han llevado a guardar rencor. Y nos hemos enfadado. Me has gritado. Te he bufado. Y tu espalda está contra la mía.

Hoy tenía que haber salido todo perfecto, hoy. Y el broche de oro es estar mirando la pared, que parece resquebrajarse mientras mis ojos la contemplan como si fuera lo más interesante del mundo. Solo para no recordar el motivo de la discusión. Solo para acallar a un corazón que pide que me calme y una mente que dice que tú no me quieres.

Pero lo haces, a tu manera (que no la mía), lo haces. ¿Por qué voy a perder el tiempo esperando algo de ti que no va a llegar? Solo quiero que me quieras, de la manera que sea, pero que lo hagas. La vida es demasiado corta como para esperar. Como para no aceptar. Como para no querer.

Como para seguir espalda contra espalda.





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  1. Sin duda, muy buen relato ^^ me gustó!
    Lo compartí en face jeje

    Besitos

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  2. Me gusta mucho como escribes! Siempre leo tus pequeños relatos, todos tienen un "algo" que nos mueve un poco la cabeza y nos toca el corazón.
    Yo últimamente estoy poco inspirada, pero eso es algo que no se puede forzar, sale y ya está :)
    Muakss

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