Sin guantes

5 mar. 2013

Querido Frank:

Estoy aquí, esperándote en el aeropuerto de Gatwick, muerta de frío. Por supuesto, y si me conoces lo suficiente después de una amistad desde los cuatro años, sabrás que no me he traído guantes. Son una tontería, Frank. No puedes toquetear la pantalla táctil del móvil, ni comer, ni sacar bien el dinero si te entran ganas de comprar una revista para pasar el rato y esperarte. Y tuve una revista en mis manos porque tu avión se había retrasado. ¿Ves? Así se pueden pasar las páginas bien, así sí.

Pero la dejé de lado porque ni las rupturas de los famosos ni el último modelito de Anne Hathaway en los Óscars logra distraerme de mis pensamientos. Así que siento la necesidad imperiosa de escribirte. Porque eres mi mejor amigo. Porque desde los cuatro años, cuando no me delatabas al hacer una travesura, te has convertido en mi mejor (y diría que único) confidente. Pero tú y tus malditas ganas de llegar alto ahora impiden que pueda abrazarte y contártelo todo, porque estás en Nueva York. O yo y mi maldito egoísmo no queremos ver que debes estar ahí porque tú lo vales, y solo te echo de menos a rabiar y empiezo a decir tonterías. Me conoces Frank, soy idiota.

Precisamente esa idiotez me lleva a situaciones como esta, en las que mi cabeza no para de darle vueltas a todo. ¿Y por qué le doy vueltas a todo cuando soy feliz? ¿No es que cuando eres feliz no le tienes miedo a nada? Debería ser al contrario, ¿verdad, Frank? Deberías tener miedo o sentirte mal, cuando todo te sale precisamente mal. ¡Y a mí no me está saliendo mal!

Ya sabes desde que te conté que estoy con Ethan, que las cosas van condenadamente bien. Me comprende, Frank. Es igual de idiota que yo. ¿Has sentido alguna vez esa sensación plena cuando un solo detalle cambia toda tu visión del día? Él tiene muchos.  Por ejemplo el otro día se presentó en mi casa a las diez de la noche, porque yo había pasado el día llorando. Picó mi ventana con una piedra. Y ya sabes como se pondría Atta si lo descubre. Pero no lo hizo. Nunca lo supo nadie. Jamás se dieron cuenta que esa noche la pasó conmigo, solamente abrazándome para que me calmara.

Y otro día, mientras paseábamos por el parque, le comenté de pasada que mis flores favoritas eran los girasoles. ¿Qué cara crees que se me quedó cuando al salir de la universidad le vi con un ramo de ellos? La gente lo miraba, la gente me miraba, y la gente a su vez me importaba un bledo. Porque cuando estoy con él se forma una burbuja entre los dos que nadie puede superar. Ni siquiera Maude y Sally. Las conoces, sabes que las quiero. Y no es que pase de ellas, de hecho les hago bastante más caso que a Ethan cuando estamos los cuatro juntos. Pero llega ese momento en que me sonríe, e interiormente pido disculpas a mis amigas y le beso igual. Burbuja creada. Dos segundos. Un beso. Y vuelta a la conversación de cuatro. Solo necesito eso.

Y en parte odio que un simple cling de un móvil, que indica un mensaje suyo, juegue conmigo. Porque lo oigo y enseguida mi corazón se acelera anticipando el momento en que vea su mensaje e imagine su contenido. ¿Me dirá que me echa de menos? ¿Tal vez que me quiere? Tal vez simplemente se meta conmigo. ¡Adora hacerlo! Y yo adoro que lo haga. Es un juego solo nuestro. Un juego de los que luego acaba bien. En beso. En risas. En sonrisas. Adoro su sonrisa.

Esas pequeñas cosas, mi pseudo Newyorkino, son las que me hacen  feliz. ¿Sigues preguntándote entonces porqué le doy vueltas a las cosas? ¿Por qué tengo... miedo? Porque temo que la burbuja explote de alguna manera. Porque cuando alcanzas tu cupo de felicidad, de algún modo todo lo que sube tiende a caer. Y yo estoy en las nubes, Frank. No quiero darme de bruces contra el suelo, no otra vez. No ahora que he vuelto a sonreír después de... ya sabes.

En primer lugar, tengo miedo por Ethan. ¿Y si...? ¡Odio los Y si, Frank! ¡Siempre los he odiado! ¿Y si... soy muy empalagosa? ¿Y si no lo soy lo suficiente? ¿Y si le dejo mucho espacio y él me quiere a su lado? ¿Y si estoy muy pegada y él quiere más libertad? ¿Y si le aburro? ¿Y si encuentra a alguien más interesante que yo? ¿Y si solo soy una cría que le parece divertida y con la que espera a que llegue la persona correcta de verdad? ¿Y si abuso... de los te quiero?

No, Frank, no se lo he dicho. No le he contado nada. Y por eso te escribo. Y por eso no llevo guantes. Y por eso odio que estés en Nueva York. No le he dicho nada porque soy idiota, porque pienso que le cansaré con mis tonterías. Porque pienso que pensará que soy imbécil. Y yo no soy así. Bueno, quizá si hubiera que ponerme un adjetivo, sería el de cobarde. Porque es lo que estoy demostrando. Pero, ¿qué puedo hacer? Supongo que cuando tienes algo muy valioso, temes perderlo. Es como en aquella película: cuando no tienes nada, no tienes nada que perder. Pero yo lo tengo todo, Frank. Le tengo a él. Y con él viene el miedo de perderle.

Soy imbécil, viene dentro del pack: Compra una Annie con accesorios, ropa intercambiable, zapatos y... que es cabezota, idiota, infantil, cobarde, enfadica, celosa, excéntrica, bipolar, mandona, sabelotodo, pesada e impaciente. Y aún me sorprendo que con todo y eso, el siga queriendo ese pack. El siga queriéndome. ¿Ves porqué no lo entiendo? Ojalá pudiera rendirme ante lo evidente y aceptarlo: te ama, Annie, esto te está pasando de verdad, disfrútalo. Pero cuando ya has jugado y has perdido, tu miedo se acrecenta. A veces me siento con la fuerza de mil leones y digo: si esto se acaba, que acabe, ahora soy feliz. Pero quiero seguir siéndolo, quiero que no acabe jamás, y mi lado cobarde lucha por aferrarse a esto como sea. 

¿Debería decírselo, Frank? ¿Debería decirle lo que siento? ¿El miedo que tengo a ser poco para él, a no ser lo que espera? ¿Esa inseguridad de no ser lo que quiere? ¿Ese temor a estar haciendo las cosas mal? ¿A ser una pesada? No voy a darle una lista y esperar a que la rellene, Frank. Instrucciones para enamorar a Ethan: 1. Annie debe ser detallista, 2. Annie debe dejarme espacio los domingos porque juego al fútbol con los amigos, 3. Annie no debe ser tan pegajosa...

¿Qué es lo que querrá de mí? ¿Qué es lo que esperará? Me lo pregunto, Frank, pero no quiero que me lo diga. Quiero complacerle, pero quiero que me ame por lo que yo haga y no por lo que me diga. A pesar de ello no soy la típica chica tonta que se enamora de un vampiro que brilla y lo hace todo a su merced. Quiero enamorarle por mí. Solo quiero saber qué siente.

¿Me lo dirá? ¿Qué le pareceré? Maldito miedo a perderlo todo. Supongo que me ayudarás a aclararme, con un abrazo tuyo todo se me pasa. Como cuando mi madre me regañó aquella vez que nos alejamos demasiado en el parque o cuando golpeé a un anciano sin querer jugando a los monstruos y no le levanté del piso, porque te miraba a ti reírte de mi torpeza. Llegabas y me abrazabas y todo estaba bien. Desaparecían mis lágrimas o el rojo de mis mejillas. Me sentía en casa. Siempre me siento a así contigo.

Y he estado mucho tiempo fuera de casa. Has estado mucho tiempo lejos de mí. Por fin vamos a salvar la distancia que nos separa. Tu avión acaba de aterrizar. Y he guardado la revista y el bocadillo en el bolsillo donde tengo los guantes. Ahora toca guardar este trozo de papel, que solo volverá a ver la luz cuando lo pose en tu mano. Tu mano con guantes. Con esos negros que te regalé, como si lo viera.

Espero tu abrazo. Espero tu consejo. Espero volver a casa.

Te quiere,
Annie.




{ 2 Nubes... léelas aquí abajo o... ¡deja la tuya! }

  1. Que bonitooo!! Me ha encantado. Creo que comprendo muy bien lo que siente la chica, me pasa muy a menudo. Muchas veces me deprimo porque me siento sola en el mundo, sin alguien que me escuche y me comprenda cuando pienso que los demás no me quieren. O si alguna vez perderé lo poco que tengo como tantas cosas que he perdido ya.
    Nunca he estado con alguien, pero seguro que sentiría eso porque lo siento con todo el mundo.
    El miedo a perderlo todo es horrible.

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  2. Precioso, me identifico totalmente con lo que siente ella, soy igual de insegura y le doy mil vueltas a las cosas, me encanta como escribes ^-^

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